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Lo primero que me llama la atención sobre la historia de Juan Diego
es que era pobre. Era pobre en cuanto a que no poseía nada. Era pobre
en cuanto a que no tenía ningún poder. Era pobre en cuanto a que
no tenía ninguna influencia. Era pobre en cuanto a que no tenía
escuela. Sin embargo este hombre tan pobre llegó hasta la mujer más
rica en la historia de la humanidad.
Bueno. Es cierto que María de Nazareth no era rica ante los ojos del
mundo. No poseía casi nada. Y la noche del nacimiento de su Hijo, no
tenía ni un hogar. Y los siguientes días no tenía patria
porque la amenaza de Herodes contra los varones recién nacidos en Belén,
obligó a María, a José y al Niño Jesús a
huir a Egipto, una tierra desconocida y extraña para ellos. Así
es que muchos quizás consideren que María no era rica. Pero nosotros
sabemos que María era la mujer más rica del mundo porque ella
cargó en su vientre a Dios por nueve meses. Ella le dió de comer
de sus senos. Ella le enseñó a dar los primeros pasos. Con sus
besos limpió sus lágrimas y sus rasguños. Ella le enseñó
el sentido de la alegría y la tristeza, de la esperanza y la obediencia.
Y al final de su vida, después de verle morir tan cruelmente, y de abrazarle
glorioso después de la resurrección, ella fue elevada para todos
los tiempos y para todas las gentes, como reina del cielo y madre de todos nosotros.
Y es por tal razón que ella es la mujer más rica de la creación.
Comenzó teniendo a Dios por su Hijo y termino teniéndote a Ti
por su hijo. a ti por su hija. Al mirar desde aquí los rostros de cada
uno de ustedes, se que estoy viendo el rostro de los hijos y las hijas de María.
¡Qué bienaventurada es la Santísima Virgen porque les tiene
a ustedes por hijos e hijas!
Juan Diego, el indígena pobre que no tenía ningún poder,
también era hijo de la Virgen. Y ella tenía una misión
especial para él. Es nuestra buena fortuna que el era un buen hijo que
escuchaba a su Madre. Y no importa las dudas del Señor Obispo y no importa
sus propias dudas y temores – él hizo tal y como ella le indicó
y llevó el mensaje a la Iglesia y poco a poco a todo nuestro mundo.
Hace apenas unos meses que yo viví una experiencia de pobreza, una experiencia
de pobre salud. Durante el verano yo sufrí un ataque al corazón.
Me encontré primero en una ambulancia, luego en la sala de emergencia
del hospital, más tarde en la mesa de operaciones y finalmente, en una
habitación del hospital. Me parecía que debía sentir miedo
pero no lo sentía. Durante toda esta experiencia yo tenía una
gran sensación de paz y me sentía protegido. ¿Recuerdan
la historia de Juan Diego? Su tío, Bernardino, estaba gravemente enfermo;
la Virgen de Guadalupe lo sanó. Yo también sentí la presencia
sanadora durante mi enfermedad.
Entonces, ¿qué es lo que estamos celebrando esta noche? Celebramos
que nosotros que nos sentimos pobres de muchas maneras, estamos recibiendo la
visita de la mujer más rica del mundo.
¿Con que tipo de pobreza te confrontas tu en este momento en tu vida?
¿Estás separado o separada de tu familia? La Virgen padeció
este tipo de pobreza y por eso llega adonde ti como Madre para que no te sientas
solo ni sola. ¿O es que sufres de un tipo de pobreza física –luchando
para lograr vivir en un lugar adecuado, con suficiente espacio, con calefacción
y dignidad? La Virgen vivió la pobreza del Pesebre y por tanto llega
a ti ofreciéndote el mismo don que ella recibió aquella noche
santa, ¡te ofrece a Jesús! Sí, Nuestra Señora te
dice, “te ofrezco a mi Hijo que vino al mundo por primera vez en un pesebre
frío, con poco espacio, de manera poco digna.”
¿Sufres de pobreza en cuanto a tu salud? ¿Te duelen los músculos?
¿Padeces de tos? ¿Padeces de la vista, del oído, del estómago,
o del corazón? Entonces María que es tu Madre viene a ti esta
noche con palabras consoladoras y con la mano sanadora de su Hijo y te dice,
“Ven descansa, yo te abrazaré y te tendré en mi regazo”.
¿Es que tu pobreza tiene que ver con las injusticias que sufres? ¿Por
salarios que todavía no te han pagado, por largas horas de trabajo o
por condiciones de trabajo pésimas? Entonces La Virgen viene a ti con
la gran promesa de Nuestro Dios. Aunque el dragón de la injusticia pueda
barrer algunas estrellas de nuestro cielo, un día ella se levantará,
“una mujer vestida del sol, la luna a sus pies y sobre su cabeza una corona
de estrellas” y ella se regocijará en la justicia que su Hijo,
Jesús, traerá a la tierra. Siente en tu corazón su promesa.
Siente su presencia.
¿Proviene tu pobreza de un corazón roto? No roto como cuando se
sufre un ataque al corazón sino roto por un desengaño amoroso
que te causa falta de esperanza, que te hace preguntarte si en adelante podrás
tener suficiente confianza para amar otra vez sin temor a que te vuelvan a herir.
¿Lloras por la soledad o por la vergüenza? …Nuestra Señora
cuyo corazón fue traspasado por una espada de dolor al presenciar la
muerte de su Hijo, vendrá a ti con un corazón comprensivo.
La compresión y la compasión de la Virgen han aumentado a través
de los siglos a la vez que infinidad de sus hijos e hijas recurren a ella porque
sienten pobreza. Ella no los desampara. ¿Acaso no es nuestra Madre?
En verdad la historia de Juan Diego nos enseña las riquezas que La Virgen
nos ofrece al confrontarse con nuestra pobreza. Ella le dio dirección
a Juan Diego para que el descubriera el propósito de su vida. Su propósito
no era la pobreza. Su propósito iba más allá de la pobreza
en que vivía. Descubrió su propósito en la vida mediante
la visita de la mujer más rica del mundo y así logró enfrentarse
a las autoridades con gran valor y dignidad.
¿Sabes que La Virgen te está ofreciendo lo mismo a ti esta noche?
Descubre el propósito santo de tu vida. Ármate de valor. Hazte
las siguientes preguntas, ¿Por qué estoy aquí? Y ¿qué
quiere Dios de mí en este momento? Y en silencio, escucha como la Madrecita
da dirección a ti vida.
¿Puedes oír su llamada? ¡Escucha!